Alertan por el aumento del consumo de psicofármacos en tiempos de crisis

 Aunque la Argentina tiene una larga historia de crisis, no implica que la población esté acostumbrada a atravesarlas sin “muletas farmacológicas”, como las pastillas para controlar la ansiedad ante los problemas y el temor ante el futuro.
Desde el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos apuntan que el consumo de psicofármacos en tiempos como el actual crece al menos 10% y alcanza picos de hasta 20%. La demanda de estos medicamentos este año alcanzaría los 132 millones de unidades, casi 70% más que hace siete años.

Marcelo Peretta, médico y secretario general del sindicato, explica a

LA NACION que con las crisis y la incertidumbre, el consumo de psicofármacos (clonozepan, fluoexetina) “se dispara” y advierte que los demandan incluso “quienes, por la sintomatología, creen que los necesitan”. Subraya que ese alza está muy vinculada a la “facilidad de acceso” a estas drogas. Este año -con datos a junio- la venta de medicamentos en general cayó 14,9%, pero la de psicofármacos “se mantienen y hasta crecen”, sostiene.

Recuerda que en 2001 la venta se disparó hasta el 40%. Dos años después de esa debacle el antropólogo estadounidense Andrew Lakoff publicó “Las ansiedades de la globalización: la venta de antidepresivos y la crisis económica argentina”, en donde se preguntaba si el aumento de la venta de antidepresivos -que consignó en 16,5% entre junio de 2000 y el mismo mes de 2001- era resultado de la crisis o de las prácticas de mercado de farmacéuticas.

A su criterio, en la Argentina se utilizan estas drogas no como un tratamiento ante la falta de serotonina en el cerebro (modelo biológico de los trastornos mentales), sino para moderar “el sufrimiento causado por la situación social y el sentimiento de vulnerabilidad e inseguridad debido a la crisis económica y política”, sin que ello implique necesariamente un aumento de los diagnósticos de depresión.

Peretta insiste en que el hecho de que en los últimos 12 años las inspecciones sobre la comercialización se redujeran “marcadamente” es determinante en que haya quienes los compran incluso sin recetas o los piden por Internet (la comercialización de medicamentos por esa vía está prohibida por ley en el país): “En la red se consiguen drogas meno complejas y hasta se las envían a la casa y hay farmacias que los entregan sin cumplir todo el proceso exigido”, lamenta.

El psiquiatra Carlos Morra (MP 21615 y 8100 de especialidad) señala que frente a las crisis o a cambios importantes hay una ansiedad “de readaptación” que es natural: una vez que las modificaciones se prolongan en el tiempo se produce una nueva adaptación y la situación de la persona se normaliza. “Es un reajuste que puede conllevar síntomas como no comer, no dormir, tener gastritis. Entonces hay más consultas, más búsquedas de soluciones. En quienes ya tienen niveles de ansiedad elevados, esos desajustes son mayores”, apunta.

Admite que los argentinos, en general, están “más educados para la readaptación que buena parte del resto del mundo donde lo que se vive muchas veces aquí sería interpretado como una ‘catástrofe'”. En ese contexto reconoce que frente a síntomas físicos, hay quienes directamente van a los ansiolíticos. “Puede haber abusos de sustancias recetadas, pero mal usadas por los pacientes o directamente con acceso sin receta, un tema que cada vez nos preocupa más a los psiquiatras”, sostiene.

Alerta que quien, por una ansiedad “situacional, de reajuste”, cae en el uso de ansiolíticos, “tiene el riesgo de convertir ese consumo en crónico; está demostrado, por ejemplo, que los ansiolíticos no son apropiados para normalizar el sueño, que es un uso que se les suele dar cuando no hay acompañamiento médico”.